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Un psicólogo es un especialista en el tratamiento de dificultades emocionales, conductuales y cognitivas. A partir de la escucha activa y de la evaluación de aquellas áreas de la vida que se consideran foco del problema, vamos interviniendo y poniendo el foco en aquello que se puede mejorar y potenciar para la resolución del conflicto. Todo esto siempre desde un trabajo en equipo, entre el paciente/cliente y el profesional.
Trabajo desde el Modelo Cognitivo- Conductual y de la Psicología Positiva. Ambos, están probados desde el método científico con un resultado óptimo para la resolución de los distintas dificultades que puedan requerir asistencia psicológica. El modelo Cognitivo Conductual pone especial acento en el comportamiento, los pensamientos y las emociones derivadas de estos, además de los factores biológicos o fisiológicos, imposibles de obviar. Se tratan los problemas desde estas áreas, aportando a la persona un perfecto conocimiento de qué le ocurre, cuándo, por qué y cómo, con el fin de favorecer su autonomía después del proceso de terapia. Desde la Psicología Positiva, vamos un poco más allá. Dirigida a la conciencia de las fortalezas, los valores y la potenciación del bienestar, sin quedarse exclusivamente en la resolución del conflicto.
Dependerá de muchos factores: Del posible diagnóstico, de la resistencia del problema, de la motivación, de los apoyos, de la capacidad de aprendizaje de nuevas estrategias... En cualquier caso, siempre se da una orientación según las anteriores variables de cuánto tiempo puede necesitarse para empezar a sentirse mejor.
En absoluto. De hecho, el ser conscientes de que algo no encaja o no va lo fluido que desearíamos, es suficiente para atajar de raíz un problema que, con el tiempo, puede volverse más resistente.
De hecho, cada vez tenemos más presente que el potenciar el bienestar a partir de la conciencia de nuestros propios recursos, ha de ser un medio para prevenir el malestar que se deriva de situaciones que no siempre podemos controlar.
En este caso, estamos hablando de dos momentos vitales muy diferentes entre sí, a pesar de referirse a menores.
Cuando trabajo con niños, siempre requiero una entrevista inicial con los padres y una retroalimentación en cada sesión en dos momentos diferenciados: al inicio de la sesión, con el fin de conocer la evolución de los últimos días o semanas, y al final de la sesión, con el fin de pautar una serie de ejercicios que han podido presentarse al niño, o directamente a los padres, o a ambos. Siempre dependerá de la edad y del problema en cuestión.
Cuando hablamos de adolescentes, algo que les importa mucho y que determina el rumbo de la terapia, es el asegurarse de la confidencialidad de lo expresado al profesional. En este caso, el papel de los padres sigue siendo muy importante, pero cobra especial relevancia la visión del joven en el enfoque de su problema.
Esta es una cuestión muy importante. No podemos extirpar al individuo de su ambiente. Por mucho que no seamos los responsables directos de aquello que ocurre a nuestro alrededor (podemos hablar de relaciones de sometimiento, mobbing, bulling, problemas de suspicacia del entorno, enfermedades no esperadas, enfermedades crónicas, etc.), y aunque sea la persona de forma individual la que viene a consulta, hay una influencia directa y una forma de asumir dichas situaciones. En numerosas ocasiones, un sólo cambio en el punto de vista del ambiente, ya produce un cambio en las emociones, e incluso un cambio en la forma de interactuar del resto del entorno.
Si siempre hago lo mismo, mis resultados serán los mismos. Si favorezco un cambio en mí ¿qué ocurrirá en los resultados?